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Una vez en la Plaza, entra por la puerta del patio y se dirige al interior del templo, se arrodilla ante el Santísimo, cruza la nave central, y se postra ante sus Titulares, rezando ante Ellos. Vuelve al patio, se quita el antifaz y busca su correspondiente tramo. Una vez en él, se producen algunos reencuentros. Viejos cofrades que se vuelven a ver siempre en esa fecha. El Diputado de Tramo comienza a nombrar a los hermanos que formaran pareja en la Estación de Penitencia. Se oye el último ¡Está!, del hermano más antiguo. Todos estamos dispuestos. Los tramos comienzan a marchar silentes hacía el interior del templo y ocupan sus correspondientes bancos. La Junta de Gobierno está en el Altar Mayor. Se reza el Ejercicio de las Cinco Llagas y, al término, el Mayordomo hace entrega de la Hermandad al Fiscal, haciéndolo responsable de cuanto acontezca en la calle. Por fin, se oye la voz... "Pueden abrirse las puertas del Convento". En ese instante, se pasa de la oscuridad de la Iglesia, al resplandor de la calle. Antes de salir, el joven cofrade dirige su mirada hacía el Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y Nuestra Señora de la Soledad. Se coloca en la fila, se baja el antifaz, rosario en mano y luz de cirio, sale a la plaza... No cabe duda, un año más ha vuelto a cumplirse... EL MILAGRO.
GLORIA NAZARENORUM |
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