El Portal Cofrade de Cádiz
UN ENCUENTRO FORTUITO
Si la Semana Santa es esperada ansiosamente por todos los cofrades, a lo largo de todo el año, no lo es menos sus prolegómenos. Esos días previos a nuestra Semana Mayor vienen a ser el culmen de todo este magno acontecimiento.

Las incidencias del tiempo fue el leit motiv de ésta última, dando lugar a escenas, en otras circunstancias, poco realizables.

El Lunes Santo, como es sabido, el tiempo no acompañó, por lo cual la decana de nuestras Cofradías, la Vera-Cruz, no pudo realizar su Estación de Penitencia; si hubo un intento de poner en la calle la cabecera con la Cruz de Guía y algunos tramos de penitentes, pronto fue abortado por la contínua llovizna que se produjo en el preciso instante de su salida.

El recogimiento en el interior del templo por parte de los hermanos, ante las decisiones de su Junta de Gobierno; la compostura de cargadores y capataces ante la duda, dicen mucho a favor de esta Muy Ilustre, Antigua y Venerable Cofradía.

La definitiva colocación de sus pasos, antes del desmonte de los mismos, dio lugar a situaciones verdaderamente inusuales y dignas de permanecer en la memoria ante la espera del próximo año; una de ella se produjo cuando el paso del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz permaneció, por algunos minutos, ante el altar de San Luis.

El paso, ante el retablo barroco de madera policromada realizado en 1673 por Damián Machado, con imágenes de Pedro Roldán, fue todo un espectáculo para cualquier persona medianamente sensible.

Sabemos, por los escritos del Reverendo Padre Fray Domingo Lázaro Bayo (O.F.M.), 1931, que si bien el altar de la Vera-Cruz, las imágenes y la dolorosa, de San Juan y de la Magdalena, fueron quemadas, al Santísimo Cristo de la Vera-Cruz lo respetaron, no se sabe por qué.

Imagen del Stmo. Xto. de la Vera-Cruz ante el retablo de San Luis

Pasado algún tiempo, pudo saber dicho sacerdote, que los incendiarios habían recibido orden de respetar la Capilla de San Luis de los franceses, y la confundieron con la Capilla de Nuestra Señora de la Paz, propiedad de la Orden Tercera. Así se explica que ésta apenas sufriera nada, mientras la de San Luis quedó toda destrozada.

Por otra parte, Don Álvaro Picardo y Gómez, en sus datos sobre la Hermandad, nos dice que en 1824 todavía estaba en el altar el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz traído de las indias. Y en 1946 se suponía fuese el que se encontraba en la escalera del Convento, aunque sin completa certeza, "porque los frailes habían quemado dos Cristos crucificados de pasta de papel, que se hallaban muy estropeados". Sin embargo, su colocación en la antesacristía y escalera, que todo ello es el mismo recinto, así como su gran tamaño que impide su colocación en la hornacina, bajo la escalera, donde estuvo el de Nápoles, nos induce a creer sea el antiguo de la Vera-Cruz.

Crucificado que se encuentra en la Capilla de San Luis

Adolfo de Castro dice que existía en 1859, "Cristo que casi con toda probabilidad, sea el que acertadamente hoy preside la sala de Junta de nuestra Casa de Hermandad".

Este encuentro fortuito nos da que pensar... es evidente que el crucificado que remata el retablo de San Luis, no es el original del mismo. Atendiéndonos al relato del Padre Fray Domingo Lázaro Bayo, en los acontecimientos del doce de mayo de mil novecientos treinta y uno, el retablo quedó practicamente destrozado. ¿Se colocaría uno de los existentes en el Convento, antes mencionado, ajustándolo como se puede apreciar en las fotografías, a la hornacina ya existente?

En enero de 1695 concedió el Ayuntamiento cien pesos al Mayordomo de la Vera-Cruz, Don Juan Palomino, para ayudar al coste de "una urna de plata para que su majestad pudiera salir en procesión con el mayor culto..." y también "poner en perfección la dicha urna como era notorio a la ciudad, como también que la santa imagen era la devoción y consuelo de los fieles..." ¿Se trataría de una imagen yacente de Nuestro Señor muerto, precursora del Santo Entierro? ¿Podría ser dicho crucificado el mismo que se adecuaría articulándosele sus brazos, como sucede en muchas poblaciones? Diremos como Agustín de Horozco que "si los datos aportados sirven para que alguien con más sabiduría y acierto consiga levantar un poco el velo que nos oculta la vida de nuestra ciudad, consideramos que nuestra labor ha sido productiva y nuestro pequeño esfuerzo ampliamente recompensado".

Rostro del Crucificado de San Luis

Miguel Ángel Castellano Pavón. Lcdo. en Filosofía y Letras. Miembro del Voluntariado de Patrimonio.

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